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3.9 ¿Oramos al Padre, al Hijo o al Espíritu Santo? ¿A María y a los santos?

Maneras de rezar

Siempre podemos rezar a cada una de las tres personas de la Trinidad, que juntas forman una unidad. Sin embargo, también tienen su propia personalidad. A menudo dirigimos nuestras oraciones a Dios el Padre: así nos unimos a la continua oración de Jesús a su Padre.

También podemos rezarle a Jesús o al Espíritu Santo, por ejemplo para pedir sabiduría e inspiración. Mientras rezamos en la tierra, los santos y los ángeles oran continuamente en el cielo . Por lo tanto, tú también puedes pedirles que oren e intercedan a Dios en nuestro favor, ya que están cerca de él en el cielo.

 

Cada una de las tres Personas tiene su «especialidad». También puedes rezar a María, a los santos y a los ángeles. Rezarán contigo y por ti.
La sabiduría de la Iglesia

¿Cuál es el origen de la oración del Padre nuestro?

Jesús nos enseñó esta insustituible oración cristiana, el Padre nuestro, un día en el que un discípulo, al verle orar, le rogó: “Maestro, enséñanos a orar” (Lc 11, 1). La tradición litúrgica de la Iglesia siempre ha usado el texto de San Mateo (6, 9-13). [CCIC 578]

¿Por qué se le da el nombre de “la oración del Señor”?

Al Padre nuestro se le llama “Oración dominical”, es decir “la oración del Señor”, porque nos la enseñó el mismo Jesús, nuestro Señor. [CCIC 580]

¿Por qué decimos Padre “nuestro”?

“Nuestro” expresa una relación con Dios totalmente nueva. Cuando oramos al Padre, lo adoramos y lo glorificamos con el Hijo y el Espíritu. En Cristo, nosotros somos su pueblo, y Él es nuestro Dios, ahora y por siempre. Decimos, de hecho, Padre “nuestro”, porque la Iglesia de Cristo es la comunión de una multitud de hermanos, que tienen “un solo corazón y una sola alma” (Hch 4, 32). [CCIC 584]

¿Qué pide la Iglesia cuando suplica “Venga a nosotros tu Reino”?

La Iglesia invoca la venida final del Reino de Dios, mediante el retorno de Cristo en la gloria. Pero la Iglesia ora también para que el Reino de Dios crezca aquí ya desde ahora, gracias a la santificación de los hombres en el Espíritu y al compromiso de éstos al servicio de la justicia y de la paz, según las Bienaventuranzas. Esta petición es el grito del Espíritu y de la Esposa: “Ven, Señor Jesús” (Ap 22, 20). [CCIC 590]

¿Por qué pedimos “Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”?

La voluntad del Padre es que “todos los hombres se salven” (1Tm 2, 4). Para esto ha venido Jesús: para cumplir perfectamente la Voluntad salvífica del Padre. Nosotros pedimos a Dios Padre que una nuestra voluntad a la de su Hijo, a ejemplo de María Santísima y de los santos. Le pedimos que su benevolente designio se realice plenamente sobre la tierra, como se ha realizado en el cielo. Por la oración, podemos “distinguir cuál es la voluntad de Dios” (Rm 12, 2), y obtener “constancia para cumplirla” (Hb 10, 36). [CCIC 591]

¿Qué significa “No nos dejes caer en la tentación”?

Pedimos a Dios Padre que no nos deje solos y a merced de la tentación. Pedimos al Espíritu saber discernir, por una parte, entre la prueba, que nos hace crecer en el bien, y la tentación, que conduce al pecado y a la muerte; y, por otra parte, entre ser tentado y consentir en la tentación. Esta petición nos une a Jesús, que ha vencido la tentación con su oración. Pedimos la gracia de la vigilancia y de la perseverancia final. [CCIC 596]

 

¿Podemos estar seguros de que nuestras oraciones alcanzan a Dios?

Nuestras oraciones, hechas en el nombre de Jesús, llegan allí donde llegaban también las oraciones de Jesús: al corazón del Padre celestial.

 

Cuanto más confiemos en Jesús, tanto más seguros podemos estar de esto. Porque Jesús nos ha abierto de nuevo el camino del cielo que estaba cerrado para nosotros por el pecado. Dado que Jesús es el camino hacia el Padre, los cristianos concluyen sus oraciones con la fórmula "por Jesucristo, nuestro Señor". [Youcat 495]

Si el Padre está “en el cielo”, ¿dónde está ese cielo?

El cielo está allí donde está Dios. La palabra cielo no indica ningún lugar, sino que designa la existencia de Dios, que no está sometido ni al tiempo ni al espacio.

 

No debemos buscar el cielo por encima de las nubes. En cualquier lugar donde nos dirigimos a Dios en su gloria y al prójimo en su necesidad; allí donde experimentamos la alegría del amor; donde nos convertimos y nos dejamos reconciliar con Dios, allí se abren los cielos. “No es donde está el cielo que está Dios, sino que donde está Dios está el cielo” (Gerhard Ebeling). [Youcat 518]

¿Qué quiere decir “perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”?

El perdón misericordioso, que nosotros concedemos a otros y que buscamos nosotros mismos, es indivisible. Si nosotros mismos no somos misericordiosos y no nos perdonamos mutuamente, la misericordia de Dios no puede penetrar en nuestro corazón.

 

Muchas personas tienen que luchar durante toda la vida para poder perdonar. El bloqueo profundo de la intransigencia sólo se disuelve finalmente mirando a Dios, que nos ha aceptado “siendo nosotros todavía pecadores” (Rom 5,8). Dado que tenemos un Padre bondadoso, son posibles el perdón y la vida reconciliada. [Youcat 524]

 

Esto es lo que dicen los Papas

¡Bendita eres Tú, María que creíste! Por eso, te alabamos junto con Isabel (cf. Lc. 1, 45). Bendita eres Tú, Madre de Nuestro Señor Jesucristo y de la Iglesia... A Tu Corazón puro y materno encomendamos especialmente a los oprimidos por el sufrimiento y por la tristeza: los enfermos y discapacitados, hombres y mujeres que tienen matrimonios difíciles, los hijos de las familias en conflicto, hombres y mujeres con grandes deudas, a los desempleados, a los alienados, a los encarcelados. ¡Cuántas lágrimas, cuánto miedo, cuánta oscuridad en este viaje! [Papa Juan Pablo II, Oración a María en Mariazell, 13 de septiembre de 1983]